Hoy os invito a esta pequeña reflexión sobre la coherencia, un término muy importante en el campo de la psicología profunda.
Si empezamos buscando su definición, encontramos:
“Cualidad de estar lógicamente integrado, ser consistente e inteligible; congruencia.”
Una cosa es coherente en la medida en que sus diferentes piezas pueden funcionar bien juntas. No se trata de que cada pieza sea perfecta, sino de que no se estorben. Una persona puede vivir sin un pulmón si su cuerpo encuentra una nueva coherencia de funcionamiento.
¿Qué significa la coherencia en psicología?
Filosóficamente, Aristóteles ya lo dijo: «el todo tiene un fin, y las partes son virtuosas si sirven a ese final.»
Por ejemplo, alguien puede vivir con el valor de la honestidad, pero si miente para evitar conflicto, son dos piezas que chirrían. Ese ruido interno podría llamarse incoherencia o contradicción, y puede conllevar desajustes a nivel emocional, físico, psicológico e incluso espiritual.
Estas pequeñas contradicciones sostenidas en el tiempo pueden crecer hasta generar síntomas que nos avisan de que hay algo que no está funcionando bien.
La incoherencia interna: cuando el sistema se divide

Carl Rogers sostenía que vivir cansado puede estar relacionado con el desgaste que genera sostener personajes internos que se enfrentan entre sí. Lo llamó la incongruencia entre el yo real y el yo ideal.
Entonces aparece un individuo que camina en direcciones diferentes dentro de sí mismo. Es una gran inversión de energía interna.
¿Te imaginas a algún animal actuando así?
Si vamos un poco más allá, C. G. Jung lo expresó de forma más cruda:
“La sombra es aquello que niegas de ti, pero actúa por su cuenta.”
Eres incoherente cuando tu sombra gobierna y tu yo consciente finge que no pasa nada. ¿Cuántas veces actuamos como si no supiéramos? ¿O como si nada pasara? Ahí también se generan espacios de incoherencia.
Coherencia no es perfección: es cooperación interna
A menudo confundimos coherencia con uniformidad. Creemos que ser coherente es que todas las partes sean iguales.
Pero no es así.
Un cuerpo necesita huesos y músculos. No son lo mismo, pero cooperan para poder moverse.
Otro ejemplo sería una orquesta de música clásica: cada instrumento es diferente, pero cuando todos tocan en coherencia, aparece una sinfonía.
Somos coherentes no cuando todas nuestras partes son perfectas, sino cuando, siendo imperfectas, saben bailar la misma canción sin luchar entre ellas.
¿Qué sistema prevalece: el coherente o el desorganizado?
Llegados a este punto, podemos preguntarnos:
¿El sistema más coherente acaba dominando sobre los sistemas descoordinados?
Siguiendo con la metáfora de la orquesta: si los violines se descoordinan, ¿rompen la sinfonía o la coherencia del resto ayuda a reestablecer el equilibrio?
Maquiavelo lo observó en el campo de batalla: un ejército pequeño, leal y coordinado puede vencer a uno grande pero dividido.
La fuerza desorganizada debilita. La fuerza alineada se multiplica.
Coherencia y adaptación: una mirada desde Darwin
La famosa idea atribuida a Darwin:
“No sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta”
Podría entenderse también como una cuestión de coherencia interna: adaptarse implica que todas las partes respondan al unísono a una misma señal.
La incoherencia, en cambio, genera una especie de guerra interna: una parte quiere, otra sabotea, otra se siente culpable… y eso agota profundamente.
El camino hacia una vida más coherente

Creo firmemente que el trabajo con uno mismo tiene mucho que ver con ganar coherencia interna.
Deshacer los nudos y las contradicciones que sostenemos puede ser un camino profundamente liberador para vivir una experiencia humana con menor peso del pasado.
Un organismo coherente enferma menos, es más eficiente, más resiliente y con mayor seguridad interna.
Coherencia y homeostasis: el equilibrio del sistema
Podríamos decir que la coherencia refleja un estado de homeostasis en el que el organismo se autorregula de una manera óptima.
Conforme aumenta la coherencia entre los sistemas corporales, el organismo como un todo se vuelve más estable.
“A medida que se alcanza la integración entre las numerosas dimensiones de la vida, se revela un sentimiento de unidad del ser”.
Daniel J. Siegel


